Una empresa puede enfrentarse a reclamaciones económicas por multitud de motivos: un cliente que sufre un accidente en sus instalaciones, un producto que provoca daños, un trabajador que causa accidentalmente desperfectos durante un servicio o un error profesional que genera pérdidas a un cliente.
En estas situaciones, el seguro de responsabilidad civil para empresas puede convertirse en una herramienta fundamental para proteger el patrimonio del negocio.
No todas las empresas tienen las mismas obligaciones ni necesitan las mismas coberturas. Una pequeña tienda, una empresa constructora, una consultora tecnológica o una fábrica están expuestas a riesgos muy diferentes. Por eso, el seguro debe adaptarse a la actividad real de cada negocio.
¿Qué es el seguro de responsabilidad civil para empresas?
El seguro de responsabilidad civil empresarial cubre, dentro de los límites establecidos en la póliza, determinadas obligaciones de indemnizar a terceros por daños y perjuicios causados por hechos cubiertos.
La Ley de Contrato de Seguro define este seguro como aquel mediante el que la aseguradora cubre el riesgo de que el asegurado tenga que indemnizar a un tercero por un daño causado por un hecho previsto en el contrato.
Por ejemplo, una empresa de mantenimiento puede causar accidentalmente daños en las instalaciones de un cliente. Si el supuesto está cubierto, la aseguradora puede asumir la indemnización correspondiente y, según las condiciones contratadas, los gastos de defensa jurídica.
El objetivo principal es evitar que una reclamación cubierta tenga que ser asumida directamente por el patrimonio de la empresa.
¿Es obligatorio el seguro de responsabilidad civil para empresas?
No existe una obligación general para todas las empresas.
La obligatoriedad depende de la actividad y de la normativa específica que le resulte aplicable. La Ley de Contrato de Seguro establece que determinadas actividades pueden estar sujetas a un seguro de responsabilidad civil obligatorio.
Además, la Ley 20/2015 establece que puede exigirse un seguro u otra garantía equivalente para determinadas actividades que presenten un riesgo directo y concreto para la salud, la seguridad de las personas o la seguridad financiera. La obligación debe establecerse mediante una norma con rango de ley.
Por tanto, una empresa debe comprobar si existe una obligación específica relacionada con su sector, actividad, licencia, normativa autonómica, profesión o tipo de servicio.
Incluso cuando no sea obligatorio, puede ser recomendable contratarlo si una reclamación importante podría comprometer la estabilidad económica del negocio.
¿Qué cubre un seguro de responsabilidad civil empresarial?
Las coberturas dependen de cada póliza y actividad, pero existen varias garantías habituales.
Daños personales
Puede cubrir determinadas reclamaciones por lesiones o daños físicos causados accidentalmente a terceros durante el desarrollo de la actividad asegurada.
Por ejemplo, un cliente puede sufrir una caída dentro de un establecimiento o una persona puede resultar lesionada durante la prestación de un servicio.
Daños materiales
También puede cubrir daños accidentales ocasionados a bienes de terceros.
Una empresa de instalaciones, por ejemplo, podría provocar accidentalmente desperfectos en una vivienda, oficina o local mientras realiza un trabajo.
Perjuicios económicos
Algunas pólizas contemplan determinados perjuicios económicos derivados de daños personales o materiales.
Esta cobertura debe revisarse cuidadosamente porque no todos los perjuicios económicos están incluidos automáticamente.
Defensa jurídica
La responsabilidad civil empresarial también puede incluir la defensa frente a reclamaciones.
La Ley de Contrato de Seguro establece que, salvo pacto en contrario, la aseguradora asumirá la dirección jurídica frente a la reclamación del perjudicado y los gastos de defensa correspondientes.
Para una empresa, esta protección puede ser especialmente importante cuando una reclamación requiere abogados, peritos u otros profesionales.
Responsabilidad civil de explotación
La responsabilidad civil de explotación está relacionada con los daños que pueden producirse como consecuencia del funcionamiento habitual de la empresa.
Puede ser especialmente relevante para negocios que:
– Tienen un establecimiento abierto al público.
– Reciben clientes o proveedores.
– Realizan trabajos en instalaciones de terceros.
– Utilizan maquinaria.
– Realizan trabajos de instalación o mantenimiento.
– Fabrican o manipulan productos.
– Tienen trabajadores desplazados.
– Organizan actividades o eventos.
Por ejemplo, si un cliente sufre un accidente dentro de un establecimiento y la empresa resulta responsable, podría existir una reclamación de responsabilidad civil.
La cobertura concreta dependerá siempre de las condiciones de la póliza.
Responsabilidad civil profesional
La responsabilidad civil profesional está orientada a empresas y profesionales cuyos servicios pueden generar reclamaciones por errores, omisiones o actuaciones profesionales.
Puede resultar especialmente importante para:
– Consultoras.
– Despachos profesionales.
– Empresas de ingeniería.
– Arquitectura.
– Asesorías.
– Empresas informáticas.
– Consultoras tecnológicas.
– Empresas de diseño.
– Servicios de auditoría o asesoramiento.
– Determinadas empresas sanitarias.
En estos casos, el riesgo no se limita a provocar un daño físico o material durante la actividad. Un error profesional puede generar también una reclamación económica por las consecuencias del servicio prestado.
Responsabilidad civil de productos
Las empresas que fabrican, distribuyen o comercializan productos pueden necesitar una cobertura específica relacionada con los daños que esos productos puedan causar.
Imagina que un producto defectuoso provoca daños materiales o personales a un consumidor. La empresa podría recibir una reclamación y tener que responder por los daños cuando exista responsabilidad.
Esta cobertura es especialmente relevante para fabricantes, distribuidores, importadores y determinados comercios.
No conviene asumir que una póliza estándar de responsabilidad civil cubre automáticamente todos los riesgos derivados de productos. Hay que comprobarlo expresamente.
Responsabilidad civil patronal
Las empresas con trabajadores también pueden valorar una cobertura de responsabilidad civil patronal.
Está relacionada con determinadas reclamaciones de empleados derivadas de accidentes o daños vinculados al trabajo cuando pueda existir responsabilidad de la empresa.
No debe confundirse con las obligaciones de la empresa en materia de Seguridad Social, prevención de riesgos laborales o accidentes de trabajo.
El seguro no sustituye el cumplimiento de las obligaciones legales de la empresa.
Responsabilidad civil locativa
Las empresas que desarrollan su actividad en un local alquilado pueden necesitar una cobertura específica relacionada con determinados daños ocasionados al inmueble.
Por ejemplo, un incendio accidental en un negocio podría causar daños importantes en un local arrendado.
La cobertura concreta dependerá del contrato de seguro, por lo que conviene comprobar si el inmueble alquilado y los riesgos asociados están incluidos.
¿Qué empresas deberían contratar un seguro de responsabilidad civil?
No existe una única respuesta válida para todos los negocios.
Sin embargo, el seguro puede ser especialmente interesante cuando la actividad tiene una exposición elevada a reclamaciones.
Entre las empresas que suelen valorar este tipo de protección se encuentran:
– Empresas de construcción y reformas.
– Instaladores.
– Empresas de mantenimiento.
– Comercios.
– Restaurantes y establecimientos de hostelería.
– Empresas de transporte.
– Fabricantes.
– Distribuidores.
– Empresas de limpieza.
– Empresas de eventos.
– Consultoras.
– Empresas tecnológicas.
– Despachos profesionales.
– Empresas sanitarias.
– Academias y centros de formación.
– Gimnasios y centros deportivos.
La cobertura adecuada dependerá de la actividad concreta y de los riesgos que asuma la empresa.
¿Qué capital de responsabilidad civil necesita una empresa?
Uno de los aspectos más importantes es determinar el capital asegurado.
Este importe representa, de acuerdo con las condiciones de la póliza, el límite máximo de indemnización que puede asumir la aseguradora por los riesgos cubiertos.
No existe un capital universal que sirva para todas las empresas.
Una pequeña tienda puede tener una exposición muy diferente a la de una constructora que realiza proyectos de gran volumen.
Para determinar una cantidad adecuada conviene analizar:
– Facturación.
– Número de trabajadores.
– Tipo de actividad.
– Número de clientes..
– Tipo de instalaciones.
– Valor de los proyectos.
– Maquinaria utilizada.
– Productos comercializados.
– Riesgo de daños personales.
– Riesgo de daños materiales.
– Requisitos de clientes o contratos.
– Exigencias legales o sectoriales.
Contratar un capital demasiado bajo puede dejar a la empresa expuesta si una reclamación supera los límites de la póliza.
¿La póliza cubre a los trabajadores?
Puede hacerlo, pero hay que comprobar quién tiene la condición de asegurado y qué personas quedan incluidas.
Una empresa debe revisar si la póliza contempla los daños causados por empleados durante el desarrollo de sus funciones y si existen condiciones específicas para determinados trabajadores, colaboradores o subcontratistas.
Esto es especialmente importante para empresas que realizan trabajos fuera de sus instalaciones.
¿Cubre a los subcontratistas?
No necesariamente.
Las empresas de construcción, reformas, instalaciones y otros sectores pueden trabajar con profesionales o empresas externas.
Si parte de la actividad se subcontrata, conviene revisar qué cobertura existe para los daños ocasionados por esos colaboradores y qué requisitos establece la aseguradora.
En algunos casos puede ser necesario exigir a los subcontratistas que dispongan de su propio seguro de responsabilidad civil.
¿Qué cosas no cubre normalmente?
El seguro de responsabilidad civil no cubre automáticamente todos los problemas que pueda sufrir una empresa.
Dependiendo de la póliza, pueden existir exclusiones o limitaciones para situaciones como:
– Daños causados intencionadamente.
– Actividades no declaradas.
– Riesgos expresamente excluidos.
– Determinadas sanciones y multas.
– Daños relacionados con actividades distintas de las aseguradas.
– Determinados incumplimientos contractuales.
– Daños a bienes bajo determinadas condiciones de custodia o control.
– Reclamaciones fuera del ámbito temporal establecido por la póliza.
– Riesgos para los que se requiera una cobertura específica.
Por eso es importante leer las condiciones generales y particulares y no quedarse únicamente con el listado comercial de coberturas.
Franquicia en el seguro de responsabilidad civil
Algunas pólizas incluyen una franquicia, es decir, una cantidad que debe asumir la empresa en determinados siniestros.
Por ejemplo, si existe una franquicia de 500 euros y se produce un daño cubierto de 5.000 euros, la empresa asumiría la cantidad correspondiente a la franquicia y la aseguradora cubriría el resto dentro de los límites de la póliza.
Una franquicia puede ayudar a reducir el precio del seguro, pero implica que la empresa tendrá que asumir una parte del coste cuando se produzca un siniestro.
¿Qué ocurre si una empresa recibe una reclamación?
Lo recomendable es comunicar la reclamación a la aseguradora cuanto antes y conservar toda la documentación relacionada con el incidente.
Conviene guardar:
– Contratos.
– Facturas.
– Presupuestos.
– Fotografías.
– Informes.
– Correos electrónicos.
– Partes de trabajo.
– Documentación del cliente.
– Comunicaciones relacionadas con la reclamación.
También es recomendable evitar reconocer una responsabilidad o llegar a acuerdos económicos por cuenta propia sin consultar previamente con la aseguradora y revisar las condiciones de la póliza.
Cuando corresponda, la compañía puede asumir la defensa jurídica en los términos previstos en el contrato. La legislación española contempla, con carácter general, la dirección jurídica por parte del asegurador salvo pacto en contrario.
¿Puede el perjudicado reclamar directamente a la aseguradora?
La legislación española reconoce al perjudicado o a sus herederos acción directa contra la aseguradora para exigir el cumplimiento de la obligación de indemnizar en los términos establecidos por la ley.
Esto no significa que cualquier reclamación vaya a ser aceptada automáticamente. La cobertura dependerá de las circunstancias del caso, de la responsabilidad existente y de las condiciones y límites del seguro.
Responsabilidad civil y seguro multirriesgo empresarial
Una empresa puede contratar diferentes seguros o una póliza multirriesgo que reúna varias coberturas.
Un seguro multirriesgo empresarial puede combinar, según el producto, garantías como:
– Responsabilidad civil.
– Incendio.
– Daños por agua.
– Robo.
– Daños eléctricos.
– Daños en instalaciones.
– Pérdida de beneficios.
– Protección de equipos.
– Defensa jurídica.
Es importante distinguir entre proteger el patrimonio propio de la empresa y protegerse frente a reclamaciones de terceros.
El seguro de responsabilidad civil se centra principalmente en esta segunda cuestión.
¿El seguro de responsabilidad civil cubre el local?
No necesariamente.
Una empresa puede tener un seguro de responsabilidad civil y, al mismo tiempo, necesitar otras coberturas para proteger el contenido, la maquinaria, las mercancías, los ordenadores o las instalaciones.
Por ejemplo, si un incendio destruye maquinaria propiedad de la empresa, el seguro de responsabilidad civil no debe confundirse con un seguro de daños materiales.
Por eso conviene analizar todos los riesgos del negocio y no intentar solucionar todas las necesidades con una única cobertura.
¿Cuánto cuesta un seguro de responsabilidad civil para empresas?
El precio puede variar considerablemente entre negocios.
Entre los factores que pueden influir se encuentran:
– Actividad empresarial.
– Facturación.
– Número de empleados.
– Capital asegurado.
– Tipo de clientes.
– Ámbito geográfico.
– Historial de siniestros.
– Tipo de productos.
– Riesgo de daños personales.
– Riesgo de daños materiales.
– Franquicia.
– Coberturas adicionales.
Una empresa con una actividad de bajo riesgo puede encontrar precios muy diferentes de los de una compañía que realiza trabajos de construcción, fabricación o actividades técnicas.
Por eso no es recomendable buscar simplemente el seguro más barato.
¿Cómo elegir un buen seguro de responsabilidad civil
empresarial?
Antes de contratar una póliza, es conveniente realizar una pequeña auditoría de los riesgos de la empresa.
- Define correctamente la actividad
La compañía aseguradora debe conocer qué hace realmente la empresa.
Si existen varias líneas de negocio, comprueba que todas estén contempladas. - Calcula un capital suficiente
Analiza cuál podría ser la reclamación más importante a la que podría enfrentarse el negocio. - Revisa las exclusiones
Las exclusiones pueden determinar si una cobertura resulta realmente útil cuando ocurre un siniestro. - Comprueba la defensa jurídica
Revisa sus límites, condiciones y funcionamiento en caso de conflicto de intereses. - Comprueba la cobertura territorial
Si la empresa trabaja con clientes de otros países o realiza actividades fuera de España, es importante comprobar el ámbito territorial de la póliza. - Revisa la franquicia
Una franquicia más elevada puede reducir la prima, pero aumenta la cantidad que deberá asumir la empresa ante determinados siniestros. - Comprueba la cobertura de productos y trabajos terminados
Es especialmente importante para fabricantes, instaladores, constructoras y empresas que entregan productos o realizan trabajos cuyos posibles problemas pueden aparecer después. - Compara diferentes alternativas
La Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones recomienda comprobar si el seguro es obligatorio, conocer los derechos y obligaciones asociados a la póliza y comparar alternativas antes de contratar.
¿Qué documentación conviene preparar para contratarlo?
Para calcular correctamente el riesgo, la aseguradora o el mediador puede solicitar información sobre la empresa.
Entre los datos habituales pueden encontrarse:
– Actividad principal.
– Actividades secundarias.
– Facturación.
– Número de trabajadores.
– Ubicación.
– Tipo de clientes.
– Tipo de trabajos realizados.
– Productos comercializados.
– Volumen de actividad.
– Historial de siniestros.
– Capital que se desea asegurar.
Cuanto más precisa sea la información proporcionada, más fácil será encontrar una cobertura adecuada.
Errores frecuentes al contratar un seguro de responsabilidad civil
Uno de los errores más habituales es contratar una póliza basándose únicamente en el precio.
Otros errores frecuentes son:
– Declarar una actividad de forma demasiado genérica.
– Contratar un capital insuficiente.
– No revisar las exclusiones.
– No incluir actividades secundarias.
– Confundir responsabilidad civil con seguro de daños.
– No revisar la cobertura profesional.
– No comprobar la cobertura de productos.
– Ignorar la franquicia.
– No revisar el ámbito territorial.
– No comprobar cómo se gestionan las reclamaciones.
– No actualizar la póliza cuando cambia la actividad.
Una empresa puede crecer, incorporar nuevos servicios o empezar a trabajar con clientes diferentes.
Cuando eso sucede, también debería revisarse el seguro.
¿Es suficiente tener solo un seguro de responsabilidad civil?
No siempre.
La responsabilidad civil cubre un riesgo concreto: las reclamaciones de terceros por determinados daños de los que la empresa pueda resultar responsable.
Pero una empresa también puede sufrir daños propios.
Por ejemplo:
– Un incendio.
– Un robo.
– Una avería eléctrica.
– La rotura de maquinaria.
– La pérdida de mercancía.
– Una interrupción de la actividad.
– Un ataque informático.
Por eso, dependiendo del negocio, puede ser conveniente combinar la responsabilidad civil con seguros de daños, ciberriesgos, vehículos, transporte, accidentes, pérdida de beneficios u otras coberturas.
¿Merece la pena contratarlo aunque no sea obligatorio?
Para muchas empresas, sí.
La ausencia de obligación legal no significa que el riesgo sea pequeño.
Una única reclamación importante puede generar gastos de indemnización y defensa que afecten seriamente a la tesorería del negocio.
El seguro permite trasladar parte de ese riesgo a una aseguradora a cambio de una prima, siempre dentro de las condiciones y límites contratados.
Por eso, la decisión debería basarse en el riesgo real de la empresa y no únicamente en si existe una obligación legal.
Tabla: coberturas según el tipo de empresa
| Tipo de empresa | Coberturas que puede ser interesante valorar |
| Comercio | RC de explotación, productos y daños al local |
| Restaurante | RC de explotación y productos |
| Construcción | RC de explotación, profesional, patronal y trabajos terminados |
| Instalaciones | RC de explotación, profesional y trabajos terminados |
| Fabricación | RC de explotación y productos |
| Consultoría | RC profesional |
| Empresa tecnológica | RC profesional y ciberriesgo |
| Transporte | RC específica, vehículos y mercancías |
| Gimnasio | RC de explotación y profesional según actividad |
| Empresa de eventos | RC de explotación y coberturas específicas del evento |
| Empresa de limpieza | RC de explotación y daños a bienes de terceros |
La tabla es orientativa. Las coberturas necesarias deben determinarse según la actividad, los riesgos concretos y las obligaciones aplicables.
Conclusión
El seguro de responsabilidad civil para empresas puede ser una pieza fundamental para proteger la estabilidad económica de un negocio frente a determinadas reclamaciones de terceros.
No todas las empresas están obligadas a contratarlo, pero algunas actividades sí están sujetas a requisitos específicos. Además, aunque el seguro no sea obligatorio, puede resultar recomendable cuando una reclamación importante pueda poner en riesgo el patrimonio o la continuidad de la empresa.
La clave está en contratar una póliza adaptada a la actividad real de la empresa. Antes de elegir, conviene revisar el capital asegurado, responsabilidad de explotación, responsabilidad profesional, productos, trabajadores, subcontratistas, defensa jurídica, franquicias, exclusiones y ámbito territorial.
En definitiva, el mejor seguro de responsabilidad civil para una empresa no es necesariamente el que tiene la prima más baja, sino el que ofrece una protección adecuada frente a los riesgos que realmente puede asumir el negocio.
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